
Fotografía de Chema Madoz.
Me abstengo del zafio ridículo de contener el aliento ante la palabra malsonante, el acto pervertido de tu boca que se aproxima o la mano que alcanza esta carne.Me opongo, no obstante, al batiente abierto de mis piernas ante un cualquier " me gustas, encanto" a las mañanas sin palabras y a los alientos desordenados.
Me declaro objetora de tus obsesiones y las suyas, y las de más allá (por si acaso).
Me sitúo en la frontera de mi piel, extraditándote a los confines de mi memoria, reteniéndote en el más absoluto de los presentes, para así no mezclarte en pliegues con otras sábanas.
Me gradúo en vasos de vino y botellines de cerveza, con el despropósito de no mezclar en color y sabores.
Me instruyo en cada una de mis cojeras, preparando una inyección anestésica de emergencia para cuando estén lejos las demás curas.
Me alimento del reino vegetal y sus aledaños, intentando no pervertir mis alrededores con los altercados de mi conducta.
Sólo me queda desearme un "alea iacta est". Brinden conmigo, alcen sus licores preferidos y sentencien bien alto: ¡Nunca bebas ni vivas con moderación!
Así sea.
(Todas estas tautologías, en realidad, están sujetas a posibles virajes).